domingo, 21 de junio de 2020

Globalización y educación

El uso de los términos “internacionalización”, “globalización” o “mundialización” ha dado lugar a un amplio debate que trasciende el ámbito académico. Mientras unos piensan que ellos sonsinónimos, los otros subrayan diferencias significativas acerca del mundo contemporáneo.

Como simples ciudadanos cada vez somos más conscientes de que vivimos en un mundo que se ha globalizado: el fenómeno toca ya todos los aspectos de la vida social, la economía en primer término. Como nunca, los procesos culturales educativos trascienden las fronteras y, apenas sin sentirlo, se “globaliza” también nuestra percepción del mundo. Las nuevas tecnologías y su aplicación al desarrollo de la producción, las finanzas y los servicios, entre otras áreas, han impuesto un ritmo de vértigo a los asuntos humanos. En pocos segundos nos enlazamos con países remotos, hablamos e investigamos de un lado al otro del planeta. Tenemos herramientas que nos permiten ver, escuchar y leer en tiempo real lo que se hace, dice o escribe en cualquier parte del planeta; incluso la medicina se vale de ellas para mejorar la calidad de los servicios que los profesionales imparten en cualquier lugar, por aislado que parezca.

Estamos, ante una auténtica revolución del conocimiento, incomparablemente mayor y más profunda que otras ocurridas en la historia. Aunque estos cambios son positivos y ya se hacen sentir incluso en la vida diaria, aún desconocemos a ciencia cierta hacia dónde nos llevará esta revolución en marcha y cómo transformará a las sociedades y sus paradigmas.

Por eso mismo, en términos de la educación es importante reconocer el significado de las nuevas tecnologías, pero cada vez es más necesario preguntarnos por la naturaleza de los valores que las sociedades desean mantener, reproducir o cambiar.

Si aceptamos que de la producción de conocimientos y de mecanismos o redes de información depende el estar o no en el nuevo mundo globalizado, entonces es un imperativo que los distintos sistemas educativos reconozcan explícita y prácticamente la importancia de que las personas, las instituciones (públicas y privadas) y en definitiva los estados que agrupan a las naciones pongan al día sus capacidades en el menor tiempo posible.

La educación es la principal inversión de infraestructura en la era de la información. Pero la reforma educativa no consiste sólo en mayor escolarización o en introducir Internet en las escuelas. Pasa, sobre todo, por la formación de los formadores, tanto en método pedagógico como en conocimientos especializados y en familiaridad con las nuevas herramientas tecnológicas, implica también una utilización de las nuevas formas de enseñanza virtual que aceleran la formación de los formadores y permiten quemar etapas. No es una política fácil ni rápida, pero es la condición indispensable para la transición de conjunto de la sociedad al informacionismo.

La globalización de las economías y la internacionalización educativa están reflejando cada vez más la mundialización del aprendizaje y de la investigación. Las integraciones internacionales, regionales y mundiales son a la vez las grandes avenidas que hoy en día se recorren gracias a las nuevas tecnologías y a las súper carreteras de la información. La internacionalización de la educación superior es un tema que ha dejado de ser hipotético entre nosotros. Por ello no es gratuito encontrar opiniones especializadas que plantean la necesidad de reconocer este mundo en construcción como un imperativo real que, entre otras cuestiones, obliga al diseño de nuevas estrategias que sepan enfrentar lo que ya está en curso prácticamente en el mundo entero. 

En cualquier caso, para ser útil al desarrollo, la reforma de los sistemas educativos, en especial la enseñanza universitaria, debe realizarse sin renunciar a su papel social, al ejercicio de sus propios valores críticos. O dicho, en otros términos, se requiere asumir el cambio generado por la globalización sin convertir a los centros de enseñanza e investigación básica en meros apéndices instrumentales de los criterios económicos en boga. La modernización de la universidad debe regirse a su vez por un orden de prioridades propias, vinculadas con las necesidades de la comunidad a la cual pertenecen.

En ese amplio y complejo contexto internacional, la escuela, en general, y la universidad, en particular, además de ser productoras de conocimientos y de investigaciones científicas y culturales, pueden desempeñar un papel decisivo en dos grandes temas de actualidad: la solidaridad entre individuos, estados y naciones, y la construcción de una ciudadanía moderna y global.

Vincular educación y desarrollo es la tarea pendiente de nuestros países. No podemos conformarnos con ser meros agentes repetitivos de los que se hace o deja de hacer en los países desarrollados. Justo porque la realidad se ha mundializado, la enseñanza puede convertirse en una palanca impresionante para empujar al crecimiento y la equidad.

La ecuación siempre ha sido una instancia estratégica en la formación cultural y en la adopción del compromiso social, tanto de las instituciones, como también de los estudiantes, los profesores y los investigadores.


Globalización y educación

El uso de los términos “internacionalización”, “globalización” o “mundialización” ha dado lugar a un amplio debate que trasciende el ámbito ...